Dermatol Rev Mex. 2025; 69 (2): 295-296. https://doi.org/10.24245/dermatolrevmex.v69i2.10452
En el último número de 2024 de Dermatología Revista Mexicana aparece un artículo de revisión, bajo el título Talidomida, de los doctores Ugalde Trejo NX, Navarrete Solís J, Beirna Palencia AM, Delgado Moreno KP, Aguirre González JD y Pérez Arroyo V (2024; 68 [6]: 779-794).
Este artículo cumple con su propósito de ser un artículo de revisión, por demás extenso, por lo que me atreví a escribir algunas notas sobre la historia de la talidomida en el campo de la Dermatología.
Esta relación está fuertemente ligada a la Dermatología gracias al descubrimiento del Prof. Jacob Sheskin.
El Prof. Sheskin nació en Vilna, Polonia, en 1914. Estudió Medicina en Vilna, su tierra natal, y en Kovno, Lituania. Se especializó en Dermatología en la Universidad de Varsovia y en Enfermedades Tropicales de la piel en Caracas, Venezuela, y en Madrid. Fue miembro del staff de los departamentos de Dermatología de las universidades de Hamburgo, Alemania; Basilea y Zurich, Suiza, y en el Hospital Hadassah en Jerusalén, Israel.
En 1964 (hace 60 años) el Prof. Sheskin veía a un paciente con eritema nodoso leproso, abrumado por el dolor que le impedía dormir, por lo que el Dr. Sheskin analizó los medicamentos disponibles en el hospital, buscando alguno que le pudiera favorecer el descanso. En eso estaba cuando se topó con un frasco de talidomida. Si bien ese medicamento estaba prohibido, era sabido que ayudaba a dormir a los enfermos con trastornos mentales. Tras sopesar la relación riesgo-beneficio, le dio dos tabletas al paciente, quien pudo dormir esa noche como nunca y a los tres días el cuadro clínico prácticamente había remitido con la casi total cicatrización de las lesiones de la piel.
Animado por tal hallazgo trató a otros seis pacientes con enfermedad similar y con resultados asombrosos. De ahí en adelante, todo lo demás es historia. El Prof. Sheskin falleció en 1999.
Este gran descubrimiento sucedió por serendipia (seredipity, en inglés), es decir, un hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual y que encajaría perfectamente en la frase del gran Louis Pasteur, que decía: “el azar favorece a las mentes preparadas”. Definitivamente el Prof. Sheskin tenía una mente preparada.
Este extraordinario hallazgo le valió al Prof. Sheskin que en 1969 se le otorgara la medalla de oro por parte del Laboratorio de Investigaciones Leprológicas de Argentina. En 1975 la medalla de oro de la Academia de Artes y Ciencias con el rango de Benefactor de la Humanidad. En 1997 se le nombró Hijo predilecto de Jerusalén y desde 2007 una calle cercana a donde estuvo el Hospital para Enfermos de Hansen en Jerusalén lleva su nombre.
En 1984 solicité al Departamento de Dermatología del Hospital Hadassah en Jerusalén la posibilidad de trabajar en ese departamento por espacio de un año. En ese momento el departamento estaba bajo la dirección del Prof. Karl Holubar, dermatólogo de origen austriaco.
El Prof. Holubar me recibió con mucho afecto, aunque yo no lo conocía personalmente. Muy pronto hicimos el clic y pasé a ser el consultante de la sección de hospitalización del Departamento de Dermatología.
Fue en ese entonces cuando conocí al Prof. Sheskin, una persona por demás amable, sencilla, que no hacía aspavientos de lo que 20 años antes había descubierto con la talidomida.
En algún momento de mi trayectoria por el Hospital Hadassah, platicando con el Prof. Sheskin, me ofreció un puesto de trabajo en su clínica particular al finalizar mi año sabático. Desafortunadamente esa oportunidad no se dio, ya que mi regreso a México ya estaba totalmente programado.
Como ya lo mencioné, fue una gratísima experiencia conocer al Prof. Sheskin, a quien recuerdo con gran afecto.
León Neumann
Dermocirugí[email protected]
Reconocimiento al Dr. Jacobo Sheskin y la serendipia en el uso de la talidomida
Estimados editores:
Con gran entusiasmo y gratitud recibimos la observación del Dr. Neumann sobre nuestro artículo. Nos honra profundamente que haya dedicado su tiempo a compartir sus comentarios a través de esta carta al editor.
Nos complace saber que el artículo ha sido de su agrado. Tal como menciona, su extensión responde a la necesidad de abordar con profundidad cada uno de sus propósitos. No obstante, debido a esta misma amplitud, optamos por ser concisos en la sección histórica, lo que llevó a omitir ciertos detalles, como la serendipia en el descubrimiento del uso de la talidomida en la reacción leprosa tipo 2.
Sin embargo, coincidimos plenamente en que la historia de la talidomida y el trabajo del Dr. Jacobo Sheskin constituyen un ejemplo emblemático de cómo un fármaco puede resurgir y encontrar nuevas aplicaciones clínicas, siempre que su uso esté respaldado por precaución y evidencia científica. Su legado sigue vigente en la actualidad y ha sido fundamental en el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas en el ámbito de la inmunomodulación.
Agradecemos sinceramente al Dr. Neumann por su valiosa observación y por permitirnos resaltar este aspecto decisivo de la historia médica. Confiamos en que esta discusión continúe fomentando el reconocimiento del impacto histórico y clínico de la talidomida en la medicina moderna.
Atentamente
Nora Ximena Ugalde Trejo, Josefina Navarrete Solís, Angélica María Beirana Palencia y colaboradores.