Dermatol Rev Mex. 2025; 69 (2): 167-168. https://doi.org/10.24245/dermatolrevmex.v69i2.10434
Ana Laura Ramírez Terán
Médica adscrita a la División de Dermatología, Hospital General Dr. Manuel Gea González, Ciudad de México.
En los últimos años el término “generación de cristal” se ha utilizado para referirse a los jóvenes que, según algunos, muestran mayor vulnerabilidad emocional y baja tolerancia a las dificultades y frustraciones. Sin embargo, este concepto, aunque cargado de estigmas, también ha comenzado a relacionarse con los médicos residentes en México, un grupo que enfrenta desafíos cada vez más grandes en su formación y práctica. La realidad es que, si bien los médicos residentes de hoy enfrentan un contexto social y profesional muy distinto al de generaciones anteriores, la denominación “generación de cristal” simplifica y distorsiona un fenómeno complejo que tiene profundas implicaciones para el sistema de salud.
Ser médico residente en México es un reto monumental. Los residentes de especialidades médicas enfrentan jornadas de trabajo extenuantes, una alta carga emocional por la atención a pacientes en situaciones críticas, y un entorno laboral que muchas veces es hostil, jerárquico y deshumanizado. A estos factores se suman las carencias estructurales del sistema de salud pública, como la falta de recursos, la escasez de insumos y medicamentos, así como las deficiencias en la infraestructura hospitalaria. En este contexto, no es sorprendente que los médicos en formación enfrenten altos niveles de estrés, agotamiento y, en muchos casos, ansiedad o depresión.
Sin embargo, calificar a esta generación de médicos como “generación de cristal” no sólo es injusto, sino que oscurece las verdaderas causas de los problemas que enfrentan. Los residentes de hoy no son más vulnerables que sus predecesores, simplemente están viviendo una realidad mucho más difícil y demandante. La sobrecarga de trabajo, el agotamiento físico y emocional, las condiciones laborales precarias, la falta de un verdadero acompañamiento psicológico y la carga de tener que manejar situaciones extremas con escasos recursos son sólo algunas de las dificultades que los médicos en formación deben enfrentar. La falta de apoyo institucional y la escasa respuesta del gobierno ante estas realidades sólo agravan la situación.
Este fenómeno tiene una repercusión directa en el sistema de salud mexicano. Cuando los médicos residentes no reciben el apoyo necesario para manejar el estrés y las presiones de su trabajo, los efectos negativos se reflejan en la calidad de la atención médica que se proporciona en los hospitales públicos. La fatiga, el agotamiento emocional y la falta de motivación pueden llevar a una atención menos eficiente y más propensa a errores, lo que pone en riesgo la salud de los pacientes y, en última instancia, la efectividad de todo el sistema de salud.
Además, la falta de una adecuada salud mental en los médicos residentes también se traduce en una alta rotación de personal, un fenómeno que genera aún más presión sobre los pocos médicos que se mantienen en el sistema. La formación de médicos especialistas se ve interrumpida por esta inestabilidad, lo que agrava la escasez de profesionales en áreas críticas de la salud, como la cirugía, la medicina interna y la pediatría.
El verdadero reto, entonces, no es acusar a los médicos residentes de ser frágiles o incapaces de lidiar con las dificultades inherentes a su trabajo, sino reconocer que el sistema de salud mexicano, ya de por sí sobrecargado y maltratado, no está otorgando el apoyo necesario para garantizar la formación adecuada de los futuros especialistas. La falta de un sistema de salud mental robusto, el abuso de las jornadas laborales y la constante precarización de las condiciones laborales están socavando no sólo el bienestar de los médicos en formación, sino también la calidad del sistema de salud en su conjunto.
Es fundamental que se aborden las causas estructurales que están detrás de esta situación, al proporcionar a los médicos residentes un entorno de trabajo que no sólo fomente su aprendizaje, sino que también cuide su salud emocional y física. Implementar políticas públicas que garanticen condiciones laborales dignas, tiempos de descanso adecuados y acceso a apoyo psicológico no sólo beneficiaría a los médicos residentes, sino que también redundaría en una mejora de la calidad de atención que reciben los pacientes.
En lugar de juzgar a la “generación de cristal” es hora de cuestionar el sistema de salud que ha dejado a los médicos residentes atrapados entre la necesidad de formarse como especialistas y las condiciones laborales que los desgastan física y emocionalmente. El futuro de la medicina en México depende de la capacidad de estos jóvenes profesionales para enfrentar los retos del sistema, pero también de nuestra disposición para garantizarles un entorno de trabajo justo y humano. Sólo así podremos aspirar a un sistema de salud que trate a los pacientes, pero también a los médicos que los atienden, con la dignidad y el respeto que merecen.
https://orcid.org/0000-0001-8449-4041
Recibido: febrero 2025
Aceptado: febrero 2025
Este artículo debe citarse como: Ramírez-Terán AL. Generación de cristal. Dermatol Rev Mex 2025; 69 (2): 167-168.